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SOBRE EL CURSO “MEDIACIÓN Y COUNSELLING” impartido por Antoni Rius.

Mediación familiar

De entre los cursos que organiza el Centro Humanización de la Salud, siempre es difícil decantarse por uno u otro, pues todos son igualmente prometedores. En esta última semana me inscribí en el que impartía Antoni Rius, sobre Mediación y counselling.

Tenía bastantes expectativas, no solo por el interés del tema, que es para mí de los más atractivos, sino porque había escuchado al ponente, Antoni Rius en el Congreso de ACHE en Barcelona, y me interesó mucho el planteamiento que nos ofreció sobre el papel del counsellor como mediador. Tengo que confesar que la realidad del curso ha superado todas mis expectativas.

Cuando dos posiciones totalmente opuestas, beligerantes, entran en el proceso de mediación, se requiere una gran experiencia, grandes conocimientos de counselling, copiosa escucha activa y sobre todo, creatividad, autenticidad y mucha empatía.

De todo eso ha abundado este taller. Durante sus doce horas que ha durado, las trece participantes (todas mujeres sorprendentemente) hemos abordado las bases sobre las que trabaja la mediación: posición, interés y necesidad. Partiendo de la exposición teórica de la mediación como ese proceso de comunicación entre las partes de un conflicto para que con la ayuda y acompañamiento de un tercero imparcial –el mediador- puedan llegar por sí mismas a encontrar soluciones y establecer que permitan solucionar el conflicto y restablecer las relaciones, hemos pasado a la práctica. En ella, Antoni nos ha ido introduciendo en las realidades que suponen las posiciones antagónicas y que parecen imposibles de conciliar. Poco a poco fuimos componiendo la compleja red de una negociación difícil, que no sólo compromete acuerdos materiales, sino que hunde su raíz en heridas emocionales profundas.

Con role playing a partir de un caso imaginario, Antoni Rius ha ido anudando los delicados hilos que tejen las relaciones desgarradas. En parejas, dos compañeras asumían el papel de mediadoras, mientras otras dos nos “exponíamos” en el papel de los protagonistas del conflicto. Poco a poco, las habilidades de mediación, las actitudes básicas rogerianas, nos desvelaban cómo cada ser humano es capaz de mirar su propia realidad sin rechazo, de manera que pueda ir acercando posturas, rebajando hostilidades, hasta llegar a contemplar al otro como un ser humano que también tiene heridas profundas que pueden ser reconciliadas. Las trece asistentes hemos ido comprobando cómo la mediación lleva a una mayor confianza tanto en la otra parte en conflicto como en el cumplimiento del acuerdo.

Antoni iba “desbrozando ese camino”. Llamaba nuestra atención a la hora de confeccionar esa “agenda” de necesidades, deseos y posiciones. Nos ha enseñado a escuchar más allá de los reproches, para sacar a flote esas necesidades de cada una de las partes heridas. Enumerarlas, darles forma y presentarlas al otro de manera que no avive la desconfianza, ha sido un recorrido de emoción y sorpresa.

Asistir al “auto-reconocimiento” de esas necesidades, de las propias y de la persona que se considera “el contrario”, interpretando el papel del usuario en conflicto, ha sido todo un privilegio. Reconocer actitudes propias en el proceso me ha dado claves, ha ampliado mi campo de escucha. He aprendido a no tener prisa, a aceptar que cualquier acercamiento es ya un éxito en la mediación. Quizás el acuerdo ideal no se logra, pero si en ese proceso las dos personas dejan de verse como enemigos, como tropiezos de las propias expectativas, podemos sentir que hemos “triunfado”, porque hemos conseguido “humanizar” la relación. Y de eso se trata precisamente, de mediar en los conflictos con el corazón en las manos.

Gracias, Antoni Rius. Gracias a todas las compañeras, por este proceso humanizador que hemos recorrido juntas.

Para terminar, mencionaré que el sentir común era la necesidad de una segunda parte del curso. Y la esperanza de que se inscriban participantes masculinos, pues, aunque las chicas hemos tenido oportunidad de demostrar nuestras “enormes capacidades interpretativas”, la presencia de un hombre en el papel de tal, daría una versión más completa en las recreaciones de role playing. Aseguro a los interesados en un nuevo curso de Antoni Rius que no quedarán defraudados.

Ana García-Castellano

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