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Mi secuestro emocional

Es, desgraciadamente, bastante frecuente que ante cualquier tipo de vivencia que nos haga experimentar un fuerte sufrimiento psicológico, venga acompañado, sobre todo si es largo en el tiempo, de una respuesta de cansancio o miedo por parte del mundo externo.

Sufrimos, lo decimos, y nos encontramos con un entorno que mutila nuestra expresión del dolor. Si no lo hacen, ya nos lo hacemos nosotros, no vayamos a cansar al que nos escucha. Una especie de autoflagelación. No encontramos un espacio en el que nuestras expresiones de sufrimiento sean autorizadas y menos atendidas. Si hay algún bendito o bendita que lo haga, puede ser tachado hasta de morboso.

Esta forma de relacionarnos con el dolor ajeno o propio no facilita la “digestión” de los sucesos terribles que nos ocurren. La pérdida de cualquier objeto o persona con la que manteníamos un vínculo provoca dolor. Este sentimiento de pérdida de forma natural va cambiando, tomando su forma y espacio para que nosotros nos adaptemos, reorganicemos, crezcamos, y podamos seguir viviendo. Sin embargo, hay muchas personas que presentan dificultades, y es así cuando los expertos en “duelo y pérdida” aparecemos para acompañar y facilitar ese proceso natural.

  Puedes terminar de leer este post en el blog de Yolanda López Pérez.   1 de Yolanda  

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