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Y a ti ¿quién te cuida?

No me imagino mi vida sin alguien con quien descargar lo que absorbo, en particular, en algunas relaciones con personas que sufren.

¿Qué haría yo sin desahogarme? ¿Cómo “descargo” la tensión, la angustia contagiosa, la presencia repetida de imágenes de dolor de las que he participado como acompañante?

Las relaciones de ayuda tienen un precio emocional, llevan a cargarse como una esponja que limpia la pila, y son necesarias estrategias de autocuidado. Al fin y al cabo hay que reciclar emocionalmente las salpicaduras.

La fatiga por compasión es considerada como un tipo de estrés resultante de la relación de ayuda terapéutica, de la empatía y del compromiso emocional. Este término, visibiliza una realidad que afecta específicamente a profesionales que trabajan con el objetivo de aliviar el sufrimiento en la vida de las personas que atienden, aparte de ser vulnerables a otros tipos de estrés o al desgaste por el trabajo.

Hoy en día, todo el mundo habla de la necesidad de cuidarse para cuidar, de arbitrar una serie de estrategias para regular saludablemente la implicación emocional, para reducir los efectos de la fatiga por compasión, aumentar los satisfactores y prevenir el síndrome del burn-out.

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