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Feminismo, ¿un nuevo valor para el acompañamiento? Una propuesta para caminar con las personas que sufren

En los diversos trabajos en los que realizamos acompañamiento y/o counselling, nos encontramos con situaciones de abusos, de malos tratos, de violencia… tanto víctimas como victimarios, están en nuestras consultas, en las acogidas de las parroquias, en los Centros de Escucha, en los despachos de las trabajadoras sociales.

En definitiva, en las historias de hombres y mujeres de aquí o de allá. Nos damos cuenta que tenemos que saber de qué va esto de la perspectiva de género para ayudar mejor. Pero además nos surge la pregunta de si el feminismo sirve para acompañar, no solo en estos casos, sino allí donde hay una persona que sufre. ¿Es un nuevo valor?

Y es que el feminismo es un movimiento cultural, social, político que propone la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres, que no es lo contrario que machismo. Es una propuesta incluyente, no va contra los hombres, solo busca la no discriminación, la no violencia, la integración. Explorando el término y haciendo un paralelismo con lo que ocurre en el acompañamiento de cualquier tipo, veremos cómo se puede convertir en un valor que incorporamos a la “mochila” para seguir haciendo camino.

Profundizando en los significados

Es una tarea del feminismo seguir profundizando en el término “feminismo”, llegar a las raíces. El feminismo no propone “estar por encima”, sino desarrollarnos juntas/juntos.

El patriarcado, o sea, la cultura en la que aún nos hallamos inmersas, en la que ellos han tenido el poder y la palabra, no es un sistema justo. Genera desigualdad que no es justa: en el trato, en el salario, en el ejercicio de la toma de decisiones.

Y esta desigualdad, está además en la base de temas muy graves, que causan muerte, mujeres muertas cada año (se acaba de cumplir la cifra de 1000, desde 2003), y muchas más que son abusadas, maltratadas… y, a menudo, silenciadas. El abuso de poder de los hombres está además en la base de la pederastia.

Por eso, me atrevo a afirmar que la causa de las mujeres es un nuevo signo de los tiempos, o sea, algo profético que irrumpe para crear un nuevo orden social, en el que hombres y mujeres construyamos una nueva humanidad. Se une a otros valores como el de la ecología explícitamente en el ecofeminismo, pero también de otros modos, ya que como a menudo afirmamos desde estas páginas, el feminismo va de la mano de todos los movimientos que pretenden mejorar la vida de las personas transformando las estructuras para que sean más justas, más humanas.

Desde la reivindicación de una cultura sembrada de valores que humanicen, decimos que el feminismo es un “valor”. Valor es ese elemento que orienta la conducta, un ideal que me mueve, una meta que está en el horizonte, mi guía en la toma de decisiones.

El feminismo, como la ecología, son valores que hoy están impulsando a las nuevas generaciones. Frente a lecturas deformes, y exacerbaciones extremistas, que siempre puede haber, las mujeres que vienen, los hombres que están caminando con ellas, nos lanzan un desafío para abrir los ojos de manera crítica y ayudarles a cambiar el mundo.

Si el feminismo es constructor de la justicia y la igualdad, si pone luz para que miremos con lupa la discriminación de las mujeres, entonces es un ideal necesario, una propuesta de “valor”, aporta claves éticas para procurar un mundo mejor. El feminismo además reivindica una mirada especial a las mujeres excluidas, víctimas de la trata, a las mujeres prostituidas, a las mujeres esclavizadas, a las mujeres en los contextos de pobreza y de exclusión donde sufren dobles y triples discriminaciones.

¿Cómo acompañar desde la clave feminista?

Acompañar es “caminar con”, o si nos fijamos en la etimología de la palabra, es “comer el mismo pan”. En nuestras sesiones de counselling, o en nuestros diversos acompañamientos, realizamos la preciosa tarea de hacernos cargo de la experiencia de otra persona, de poner los pies cuidadosamente en la tierra sagrada de su corazón, de acariciar con mimo el fondo de su ser, y así, también los que acompañamos sentimos que nuestro corazón queda “tocado”, acariciado, que nos compartimos enteros, que nos damos mientras recibimos.

El valor del cuidado, reivindicado desde la ética feminista, supone hacer relevante todo lo que tiene que ver con lo que sostiene la trama de la vida, desde que el ser humano nace hasta un poco después de morir, todo lo que nos asegura, lo que tiene que ver con nuestro ser vulnerable, con la necesidad de protección y de afecto.

Incorporar el valor del cuidado al acompañamiento, redobla el interés y hace que rebose la calidez y la ternura en la relación.

El valor de la justicia que el feminismo defiende tiene que ver con la desigualdad, cuestión sociológica y política. Somos diferentes, pero iguales en derechos y deberes. La reivindicación feminista señala la contradicción cuando hay trato desigual en el trabajo, en el reparto de tareas, en la posibilidad de ejercer el poder. Aún queda mucha legislación que cambiar, sobre todo en algunos países donde las mujeres apenas cuentan como ciudadanas. La justicia implica también que las diferencias no han de ser abolidas, sino contempladas de manera especial para que no existan desventajas, por ejemplo, ante la maternidad o la opción por el cuidado.

El valor de la justicia se incorpora al acompañamiento desde el punto de vista feminista y se convierte así en ausencia de discriminación.

El valor de la autonomía que promueve el feminismo tiene que ver con la llamada a las mujeres para ser “sujeto”, protagonistas de la propia historia, con conciencia de la libertad, y por tanto también de la responsabilidad que hemos de ejercer sobre nuestra vida. El descubrimiento de nuestra verdad, esa que late en lo profundo, y de las dependencias emocionales que a veces nos enredan, nos hace emerger como personas, no a medias, sino enteras y plenas.

El valor de la autonomía es buscado en el acompañamiento para que cada persona tome las riendas de su vida y sea constructora de la humanidad.

Paralelismos entre los valores feministas y el acompañamiento

Es interesante descubrir que existen paralelismos entre la triada rogeriana de la que tanto se habla en counselling (el nombre más técnico del acompañamiento), y los valores feministas, y así:

– Si el feminismo habla de no discriminación, el counselling habla de aceptación incondicional y ausencia de juicio.

– Si el feminismo propone el cuidado como valor esencial, el counselling propone la empatía como actitud que anima a comprender al otro desde sus claves y a desplegar el radar emocional.

– Si el feminismo quiere desvelar las trampas que impiden el ejercicio de la libertad, el counselling habla de autenticidad.

Podemos, por tanto, afirmar, que sí, que el feminismo es un valor, una perspectiva que añade “valor” al acompañamiento, que lo incorporamos sin prejuicios, y que deberemos estudiar e interiorizar, porque además la realidad nos lo está demandando.

A modo de conclusión, el feminismo lleva consigo el valor de la sororidad, que también es una aportación esencial en el trabajo de acompañamiento ya que tiene que ver con la hermandad, con la solidaridad entre las mujeres, porque es necesario que el yo se combine con el nosotras.

Refleja que vamos juntas, unidas en la diversidad, tratando de aprender unas de otras, siendo comunidad que siente y vibra como en un coro, con voces múltiples que producen una música armoniosa. Nos acompañamos, nos acuerpamos en los dolores, y celebramos las alegrías.